El 'efecto De la Fuente' : “líderes y coaches” confunden el vestuario con la oficina
En las últimas semanas, tras la victoria de España frente a Argentina en la final del Mundial 2026, Linkedin la red profesional por excelencia (en general las rrsss) se ha inundado de análisis sobre el «método De la Fuente». Decenas de directivos, consultores y coaches corporativos, “líderes” todos ellos, han apresurado sus teclados para vendernos las supuestas fórmulas mágicas del liderazgo deportivo aplicadas a la gestión empresarial. Sin embargo, la inmensa mayoría de estas analogías reduccionistas no hacen más que evidenciar una profunda ignorancia sobre la naturaleza del alto rendimiento deportivo y las dinámicas reales de un vestuario profesional.
Desde la psicología de la actividad física y el deporte, sabemos que el entorno de un equipo de élite opera bajo parámetros completamente ajenos a la cultura corporativa estándar. Pretender trasponer la cohesión grupal de la Selección o un Equipo Profesional de fútbol a una consultora de marketing es obviar variables sociológicas e intrínsecas fundamentales, además de no saber poco o nada como funciona un vestuario
· Matriz motivacional y perfil del deportista: El futbolista de elite está movido por una motivación intrínseca extrema y un nivel de compromiso de altísima activación emocional, articulado bajo un contrato psicológico hipercompetitivo. El empleado medio opera, principalmente, en un marco de regulación externa o identificada, donde el equilibrio entre vida personal, salario y estabilidad prime sobre la gloria colectiva.
· Gestión del ego y estatus de poder: Un entrenador de fútbol ejerce un liderazgo situacional donde la autoridad técnica es fiscalizada en tiempo real por los propios atletas, los medios y la directiva. Su liderazgo no se basa en un organigrama jerárquico tradicional, sino en la legitimación continua mediante el rigor táctico, la ecuanimidad en la gestión de minutos y el manejo de dinámicas interpersonales de altísima tensión.
· La Organización Jerárquica: Habitualmente en las empresas los directores, responsables, managers o como se les quiera denominar ejercen su posición no desde la admiración o aprecio profesional del empleado, mas bien desde “el ordeno y mando” de una jerarquía “militarizada. Un equipo profesional de fútbol es otra cosa, salvo excepciones, el entrenador principal no tiene en la práctica el mando de la situación, su poder es mas desde el convencimiento y la famosa gestión de “egos”. Si los objetivos no se cumplen es el primer en ser destituido
Desde la perspectiva puramente táctica y de gestión de grupo en el fútbol profesional, simplificar el éxito de un seleccionador a «saber motivar» o «hacer piña» es insultar la complejidad del juego. La cohesión de un equipo de fútbol no surge de charlas motivacionales vacías de contenido, sino de la claridad de rol, la automatización de comportamientos en las distintas fases del juego (transiciones, bloque defensivo, ataque organizado) y la sincronización bajo máxima presión temporal e hipervisibilidad pública. En el fútbol, el rendimiento es expuesto, evaluado y juzgado cada noventa minutos ante millones de personas; en la empresa, el margen de error y los tiempos de procesamiento son sustancialmente diferentes.
Vender humo trasladando recetas futbolísticas a la dirección de equipos corporativos no solo es desacertado, sino irresponsable. Un ejecutivo no es un seleccionador, ni sus empleados son profesionales del alto rendimiento bajo estrés extremo. Liderar no es copiar la narrativa del campeón de moda, sino comprender la especificidad de tu contexto, la psicología de tu gente y la realidad del terreno que pisas.
MICROBLOG TIEMPO DE PSICOLOGÍA







